6/4/10

La conspiración 3.1.

Capítulo 3. Conspiradores


  • Información de prensa

    Bruselas, 3 de agosto. (Agencia BELGA) - El conde Maurice de Bornival ha sido asesinado poco después de salir de su domicilio en Uccle en su automóvil, el que fue destruído por una bomba que había sido colocado debajo del vehículo y se cree que se hizo estallar a control remoto.

El agente de la Seguridad, Louis Vermeulen, había sido asignado a la vigilancia de Martin Daems, el presidente del PNI. Su turno empezaba cuando Daems salía de su oficina en el edificio donde ACEC, la fábrica belga de electrónica, tenía su sede capitalina. La mayoría de las veces lo seguía hasta las oficinas del partido y luego a su domicilio, o a una que otra reunión de alguna célula del partido, tanto en Bruselas como en provincia. Pero ese día tomó una dirección imprevista: en su Fiat, se dirigió hacia la avenida de Tervueren y, después de pasar el square Montgomery, en la primera cuadra, dobló bruscamente a la derecha, entrando en una gran propiedad privada. El agente la reconoció de inmediato: era la residencia de Julien Durand, el presidente del Banco Lambermont. Como no se podía estacionar en la avenida, siguió hasta la primera bocacalle donde dobló y se estacionó. Luego volvió a pie hasta la avenida y, para poder observar, la cruzó y se instaló bajo el pórtico de una propiedad que parecía desocupada, casi al frente de la mansión de Durand. Sacó los pequeños prismáticos que llevaba en el bolsillo y se puso a vigilar la entrada. 

A los pocos minutos llegó una limusina que entró y se estacionó fuera de la vista. Pero había alcanzado a leer la matrícula y la anotó de inmediato. Luego llegó un BMW y luego un Mercedes, de los cuales también registró la matrícula. Autos de lujo: era una reunión de magnates. ¿Pero qué podían hacer con el presidente del PNI? ¿No prentendía el PNI quitar el poder de "los capitalistas"?

Adentro estaban ahora reunidos Durand y Daems con el general(R) Léon Bertrand, ex-director de SABCA, una empresa de armamentos ligada al ejército belga, Oskaar Verstappen, presidente de la Compañía Marítima Belgamar, André Walckiers, gerente de la División Informática de ACEC, la fábrica de electrónica, e Ismael Ibn Sahlad, primo del sultán de Mashad, un pequeño -y rico- estado del Golfo Pérsico.

- Nuestros planos están avanzando como programado, en lo que se refiere a la cobertura del Partido -declaró Daems, después de saludar al último llegado-. Ya tenemos unos tres mil miembros y otros tantos simpatizantes asisten regularmente a reuniones. Las reacciones a nuestras primeras acciones de propaganda también han sido bastante favorables, como han podido apreciar.
- En Flandes avanzamos del mismo modo -dijo Verstappen-. El "Nieuwe Vrijheid" ('Nueva Libertad') no ha podido obtener un diputado pero estuvo muy cerca y sigue ganando adeptos.
- La manifestación contra el rey no fue lo que esperábamos -objetó Betrand, que parecía bastante enojado-. Todo lo interesante pasó en una calle lateral donde no había nadie. Si no fuera por el artículo de La Dernière Heure, nadie se habría enterado. Y dió más bien para la risa. ¡Esa no es manera de conseguir más atención!
- No sabíamos que la gendarmería sacaría los autos estacionados -respondió Daems-. Al parecer fue una decisión de última hora, como lo de llevar los autos oficiales al interior del parque. Nuestro soplón en la policía no estaba al tanto.
- ¿Y qué hay del atentado al cardenal? -preguntó Ibn Sahlad-. No he visto las reacciones: acabo de llegar de mi villa en el lago Leman.
- Obviamente creció el resentimiento contra los árabes en una parte de la población- dijo Daems-. Y los inmigrantes han llegado en masa a pedir apoyo al partido. Estamos reforzando nuestra propaganda anti-discriminación y denunciando que se trata, sin duda, de una imputación injusta atribuible a los partidos racistas.
- No sé si esta táctica habrá sido la más adecuada -dijo Verstappen-. Ya les hice ver mi desacuerdo desde el principio.
- Pero conseguiremos que la prensa refuerce los rumores que apuntan al Frente Nacional, los racistas más duros del país. Pueden confiar en mi gente -respondió Daems-. Sembramos las pistas adecuadas.
- ¿De qué pistas habla? -se inquietó Walckiers-. ¿No habíamos convenido en que no habría ninguna pista en el hotel?
- ¡Hay, hombre, no hablo de pistas físicas del atentado!
- ¡Pueden estar seguros de que no las habrá! -saltó Durand, dueño del hotel Lambermont-. El tirador es guardia de seguridad del hotel y trabaja ahí desde hace años. Ha sido comando de las Fuerzas Especiales y es de confianza de Bertrand. Sabe hacer su trabajo y tomó todas las precauciones. Oficialmente estaba revisando el piso superior y no vió a ningún extraño.
- Espero que así sea -contestó Walckiers-. Pero quiero saber de qué pistas habla Daems.
- ¡Ya leerás los diarios! No es el momento de entrar en detalles. Lo hemos discutido en la pasada reunión. Mal por tí si no estuviste.
- ¡No empecemos a discutir por tonteras! ¡No es el momento! -intervino Bertrand-. Veamos lo que sigue.

Siguieron hablando de sus planes a futuro, especialmente de la propaganda para las próximas elecciones y luego dieron por concluida la cita. Pero algunos conspiradores dejaron que dos de sus compañeros se fuesen primero, aunque les dieron la impresión de que los seguían para subirse a sus vehículos. Cuando los autos de Ibn Sahlad y de Walckiers hubiesen desaparecido, volvieron adentro.
- Ahora que nuestros indeseables socios se han ido, podemos hablar de cosas más importantes -dijo Durand.
- Indeseables pero indispensables -completó Bertrand.
- Lamentablemente -finalizó Verstappen.

Hubo una nueva discusión que duró aproximadamente media hora. Afuera, el agente Vermeulen vió salir los dos primeros automóviles y se extrañó de haber tenido que esperar tanto a que salieran los otros. Esta diferencia le llamó la atención y marcó en su lista de placas mineralógicas los números de los vehículos que habían salido primero. Finalmente salieron los otros y vió que había uno que no estaba en su lista. Sin duda debía haber llegado antes de Daems y, por ello, no lo había visto. Su misión, por esa noche, había terminado. A primera hora del día siguiente rendiría su informe y sus jefes decidirían los nuevos pasos a seguir.