15/4/13

Ecología 16 (Fin)


16.

Slate había llegado finalmente de España. Servais esperaba poder confundirlo y resolver el caso de "Ecología Nueva". Pero se imaginaba que no sería fácil obtener una confesión. Prefirió empezar el interrogatorio en forma suave, preguntándole por su "empresa" y las tareas que realizaba. El sospechoso describió labores de vigilancia para "Ecología Nueva" y las empresas Cobelpap, Kordel y Melkbaar. Negó luego ejercer vigilancia en viviendas particulares, como las de Van Acker y Gossiaux. Confrontado con la evidencia obtenida en casa de Van Acker, negó estar al tanto y echó la culpa a los empleados que la policía había encontrado. Reconoció que su oficina era una sucursal de una empresa norteamericana y que, por lo tanto, tenía cuentas bancarias en el extranjero, donde recibían pagos tanto de sus clientes belgas como de otras empresas.

Servais estimó que lo mejor sería atacarlo ahora de frente con la acusación más grave, a pesar de que los indicios no eran concluyentes: la de los asesinatos. Como era de esperar, el norteamericano negó todo y aseguró haber viajado a España el día anterior a la muerte de Gossiaux.

Por suerte para el policía, el sospechoso parecía estar resfriado. Había estornudado y se había sonado con un pañuelo de papel. Servais le acercó una papelera y lo botó ahí. Así, no hubo necesidad de pedirle una muestra de ADN. No pudiendo sacarle ninguna nueva información, lo hizo conducir de nuevo a su celda, mientras llevaba él mismo la papelera al laboratorio. Ahí recogieron el pañuelo con el debido cuidado, separaron una muestra y la mandaron a analizar para extraer el ADN y compararlo con lo rasguñado por Suzanne Gossiaux. El día siguiente los resultados confirmaban que Slate era quién había atacado a las dos mujeres.

Remy, el assistente de Servais, había estado escuchando el interrogatorio en una oficina vecina y confirmó que había oído esa voz mientras estuvo secuestrado en Sekurelek. Lo había oído nombrar tanto a Gossiaux como a Van Acker. También había reconocido la voz del guardia que había concurrido a la casa de Van Acker cuando descubrieron la ausencia de sonidos, lo cual había llevado a la acusación de complicidad de éste en el secuestro del policía.

Aunque la implicación de Slate en el crímen de Philippe Gossiaux seguía basada en meros indicios circunstanciales, podía ser acusado por dos asesinatos. Pasado a juicio semanas después, fue condenado a cadena perpétua. Pero nunca reveló quién había ordenado los crímenes ni quienes tiraban los hilos de la conspiración internacional.

Los dueños de Somatrek fueron sometidos a proceso y luego condenados por los efectos adversos del recubrimiento de canchas que habían fabricado e instalado en algunas escuelas y canchas públicas. Los pagos ordenados por los daños y perjuicios fueron tan cuantiosos que llevaron la firma a la quiebra.

El caso del detective holandés De Groote quedó sin resolver, aunque se pensaba que el responsable había sido el mismo Slate. Pero éste nunca lo reconoció y no hubo modo de demostrar su participación.

Tampoco se logró descubrir qué había pasado con André Chapelle, que había desparecido junto con su familia.

FIN

Pronto: Nueva novela

1/4/13

Ecología 15

15.

Dos días pasaron sin que aparecieran nuevos elementos. La investigación estaba estancada. Pero Servais recibió un llamado de la central policial: el número de emergencia 112 de emergencia policial había recibido la denuncia de un crimen en el edificio donde residía la familia Gossiaux. Llamó a Trompel y se fueron juntos a revisar la escena.

El conserje del edificio les explicó que al limpiar el corredor del cuarto piso, donde vivían los Gossiaux, la empleada encontró la puerta del departamento entreabierta. Tocó el timbre pero no obtuvo respuesta, por lo que había avisado al conserje. Éste subió y entró a revisar. Fue cuando encontró en el pasillo el cadáver de la hija, en un charco de sangre. Llamó de inmediato al número de emergencia policíaca y entró al dormitorio de la señora Gossiaux, encontrándola con un balazo en la cabeza.

Servais y Trompel encontraron las cosas como les había dicho el conserje. Pudieron reconstruir fácilmente la secuencia de los hechos: sin duda el asesino había podido entrar sin ruido y había matado a la viuda en su cama, mientras dormía. Aunque el asesino debió usar un silenciador, ya que los vecinos no sintieron los tiros, la hija debió sentir ruido; se levantó y se encontró con el criminal en el pasillo, echándose sobre él. Hubo un forcejeo y él le disparó en el estómago, antes de escaparse. Susanne, de cara al piso, trató probablemente de llegar al salón para llamar a emergencias, arrastrándose, pero no pudo recorrer más de un par de metros.

Mientras Servais volvía a la oficina, Trompel esperó la llegada de los técnicos para volver a interrogar al conserje y luego a los vecinos, aunque con poca esperanza de obtener información sobre el culpable. El conserje le repitió que no había vigilancia permanente en el edificio, ni de guardia ni de cámaras. Él no estaba ahí de noche y, por lo tanto, no pudo observar nada. Tampoco debía vigilar de día, así que poco sabía de las visitas que recibían los inquilinos. Su labor era exclusivamente de verificar el buen funcionamiento de los ascensores y de la calefacción central, así como supervisar la limpieza dentro y fuera del edificio.

Terminadas sus entrevistas, Trompel volvió al apartamento, verificando que la unidad forense había levantado los cadáveres y que los técnicos estaban terminando la inspección y busqueda de huellas. Confirmó que la puerta no parecía haber sido forzada, lo que implicaba que el asesino debía tener acceso y, por lo tanto, ser un cercano. También le dijeron que no se habían encontrado casquillos, lo que hacía pensar en el uso de un revólver. Las balas habían quedado alojadas en las víctimas, lo que confirmaba el uso de un silenciador, que había frenado los disparos.

Horas después, en la oficina, el informe técnico repetía exactamente el correspondiente al asesinato de Gossiaux: no había huellas dactilares ajenas a la familia. Al parecer, no se había robado nada. El informe forense señalaba igualmente el uso de balas de calibre .38. Pero, esta vez, había una evidencia incriminatoria: Suzanne había alcanzado a arañar al atacante y conservaba restos de piel bajo las uñas de una mano. Se podía analizar el ADN y, de no encontrarlo en las bases de datos de Interpol pero tener un sospechoso, se podría compararlo para obtener una identificación.

La publicación de la noticia permitió ubicar a familiares de las víctimas pero, contactados por la policía, todos afirmaron no tener llave del apartamento. Servais envió a Trompel a hablar nuevamente con Van Acker, socio de Gossiaux en "Ecología Nueva". El detective le pidió nuevos detalles sobre sus relaciones. Fuera de lo puramente comercial o financiero, en el marco de las actividades de "Ecología Nueva", indicó que no tenía relaciones con Gossiaux. No conocía su familia y nunca había estado en su casa. Se encontraban generalmente en las oficinas de la ONG, en la Torre Midi, a veces también con Chapelle y Slate. Estimaba que, mientras Chapelle era una comparsa poco relevante, Gossiaux y Slate parecían muy cercanos y, por lo que sabía, Sekurelek también se ocupaba de la seguridad en la empresas del muerto. Quizás también estuviera Gossiaux controlado por Slate, como lo había sido él mismo. No le extrañaría que hubiese cámaras o micrófonos ocultos en ese apartamento y que Slate tuviera llave para penetrar ahí cuando no había nadie.

Ya sabía la policía ahora que Sekurelek había planeado el ataque al edificio de la Bolsa de Bruselas y la liberación de Verbeeck. También ejercía control sobre Van Acker y, muy probablemente, sobre Gossiaux y Chapelle. Si habían desmantelado rápidamente su oficina y desparecido, quizás los jefes extranjeros hubiesen decidido eliminar todas las pistas y, por lo tanto, asesinar a los socios belgas, especialmente cuando supieron que Van Acker estaba bajo custodia policial y revelaría todo lo que sabía de la operación. Gossiaux había sido asesinado y su familia había escapado en un primer momento por estar fuera del país. Pero el asesino había vuelto a "terminar el trabajo". Y podía haber hecho lo mismo con Chapelle. Nadie había podido encontrarlo, ni su familia. O habían sido raptados y asesinados o habían logrado huir sin dejar rastros. Era evidente que el responsable no podía ser otro que James Slate o algún asesino a sueldo contratado por éste. Era indispensable encontrarlo para que la encuesta pudiese progresar y liberar finalmente a Van Acker y su familia de las amenazas.

El día siguiente, el capitán de un barco que atrevesaba regularmente el Mediterráneo hacia Marruecos desde Málaga, al sur de España, avisó a la policía portuaria de que un extranjero, con acento inglés o americano, lo había abordado para pedirle que lo llevase a Tetuán, esquivando los controles. Le había ofrecido 20.000 euros y el capitán lo había citado para el día siguiente. Cuando Slate se presentó, efectivos de la Guardia Civil lo arrestaron. El día siguiente abordaban con él un tren hacia Madrid, donde se realizarían los trámites de extradición hacia Bélgica, donde estaba requerido por secuestro y asesinato.