20/4/10

La conspiración 3.3.

El día siguiente, la sirvienta de Durand le entregó una licencia médica por una semana. Y le propuso enviarle su prima para reemplazarla, la cual -a decir de ella- tenía excelentes referencias y estaba disponible. Durand, feliz de no tener que buscar a otra persona o quedarse sin esa ayuda -lo cual pondría furiosa a su esposa- aceptó la oferta, sujeta por cierta a la verificación de las referencias.

Al otro día, a primera hora, se presentaba la "prima", enviada por la DST, que le mostró una carta de recomendación firmada por el primer ministro en persona y con timbre oficial. El banquero, que conocía muy bien la firma y el timbre, no se atrevió a llamar al ministro: sería sin duda mal visto dudar de esta manera de su firma y molestarlo por un asunto de tan poca importancia. Cuando volvió de su oficina, su teléfono estaba intervenido y micrófonos habían sido instalados por su nueva empleada en su living y su escritorio.

Ese día era un viernes. Día sagrado para los musulmanes, Ibn Sahlad, que se había quedado en Bruselas, se dirigió a la mezquita del Parque del Cincuentenario para la oración del mediodía. Esa mezquita había sido el pabellón de exposición de un país árabe en una exposición mundial que tuvo lugar en Bruselas a principios del Siglo XX. Había sido entregada a los musulmanes hace pocos años. Después de la oración y en compañía de varios otros asistentes, el príncipe cruzó el parque a pie y se dirigió hacia la calle Belliard, doblando luego en la calle Froissart. Ahí, en el número 33, tocó el timbre de la puerta de un pequeño restorán argelino, cerrado ese día pero no para él y sus amigos. Algunos ya estaban adentro y otros llegaron poco después. Todos eran miembros o simpatizantes del PNI. Después de compartir un sencillo almuerzo, los comensales fueron dando cuenta de lo que había ocurrido en las células del partido. Mientras los que asistían, silenciosamente, a las reuniones de simpatizantes y curiosos señalaban de que no había novedades, los miembros del partido fueron resumiendo el tenor de lo discutido en las reuniones. Así su jefe se mantenía al tanto en forma directa y personal de lo que ocurría en la base del partido. Preguntó es especial por el avance en torno a propuestas legislativas inspiradas por la sharia, la ley musulmana. Él mismo había señalado a sus correligionarios qué preceptos debían ser sugeridos sin correr el riesgo de una reacción adversa.

Uno de los presentes preguntó cuando podían esperar la toma del poder. Ibn Sahlad le recordó como funcionaba la democracia belga y la fecha de las elecciones.
- En las elecciones regionales confiamos en obtener la mayor votación, pero ésto no nos da el poder: tendremos que formar alianza con otro partido o varios. Luego haremos campaña para las elecciones federales. Es casi seguro que las ganaremos y, una vez que el PNI forme gobierno, se proclamará la república y echaremos del gobierno a los infieles.

Se multiplicaron los aplausos y luego, en pequeños grupos, se fueron despidiendo.

Unos días más tarde, Trompel volvía a rendir su informe sobre su visita a la ACEC. El policía-periodista algo sabía de computación y su informe fue lapidario: la seguridad sería máxima una vez que las máquinas estuviesen instaladas y no habría forma de falsificar los registros a posteriori: se habían dispuesto todas las precauciones y controles posibles. Pero hasta que el software estuviera instalado en las máquinas ¿quién aseguraba que no se introdujera algún gusano que alteraría los registros? ¡Sólo los programadores a cargo y el o los supervisores! Una buena programación, incluso, haría que la alteración fuese invisible en todas las pruebas previas. Para una total seguridad, el programa-padre debería ser revisado por un ingeniero informático de la policía y conservado por ésta hasta su instalación -bajo total control- en las máquinas. E impedir que se conecten en red hasta la hora de la transferencia de los totales de cada una, hora que debería ser mantenida en secreto igual que la dirección del servidor-receptor central. A posteriori se podrá recoger manualmente, máquina por máquina, los resultados y cotejar con lo recibido por el servidor central, para descartar cualquier interferencia en la etapa de transmisión por red, que seguía siendo el eslabón más débil, después de la producción e instalación del software.

Trompel preparó también una versión más superficial y de más fácil lectura para el público de La Dernière Heure, pero no fue publicada sino hasta una fecha más cercana a las elecciones, cuando se dió a conocer en qué locales se pondrían las primeras máquinas.