28/2/12

Paralelo 7

7. 

En el tren que lo llevaba de vuelta a Bruselas, Trompel se puso a pensar en lo extraño de la experiencia. Nunca se había preguntado si el universo que conocía era el único o no. Durante su "viaje" a ese otro ¿universo?, no había tenido tiempo tampoco en hacerse la pregunta. ¿Existían universos paralelos? ¿Había alguna base científica que explicase su experiencia? Lo más simple sería conversar de ello con un ex-colega, periodista científico del diario "La Dernière Heure". Decidió llamarlo el día siguiente.

Así, cuando volvió a su oficina al otro día, llamó al periodista y lo invitó a almorzar. Después de un intercambio superficial acerca de sus respectivas actividades y algunos recuerdos de la época en que habían trabajo juntos, Trompel abordó el tema que lo preocupaba.
- Estoy trabajando con un arqueólogo que se ha topado con algo muy extraño. Parece que solo tendría sentido si existiese otro universo, que funcionase en forma paralela al nuestro. ¿Sabes de alguna teoría científica que pudiera explicar ésto?
- En realidad, el avance en física cuántica es el que ha dado pie a la hipótesis de los universos múltiples o de lo que llaman el "multiverso". Se basa en el principio de la indeterminación y el famoso ejemplo del gato de Schrödinger. Este físico imaginó un gato dentro de una caja, junto a una ampolla de veneno que podría romperse en cualquier momento y matar al gato. Mientras la caja está cerrada, no se sabe por lo tanto si el gato está vivo o muerto. Según la teoría cuántica, no es ni lo uno ni lo otro, porque la teoría tiene una base estadística y ésta dice que la probabilidad de una u otra situación es 0,5. Al abrir la caja, se resuelve la incógnita pero -dicen los partidarios del multiverso- se generan dos universos: uno en que el gato está vivo y otro en que esta muerto. En cada una de nuestra decisiones, si podemos optar entre A y B, se genera un universo donde elegimos A y otro donde elegimos B.
- Pero ésto es absurdo. Si ahora decido rascarme, sigue mi mundo, pero al mismo tiempo se crea un mundo donde no me rasco. Cada persona, a cada segundo que pasa, estaría creando así otros universos.
- Y éstos se multiplicarían en forma exponencial. Los universos serían infinitos. Es una buena objeción. Y otros físicos se basan en otra propiedad de la cuántica para refutar esta hipótesis y mantener la idea del universo único. Se basan en el principio de "enlazamiento", que asegura que los cuantones que se dividen conservan y se transmiten siempre mútuamente la misma información, lo que impide el desdoblamiento del universo. Este principio ha sido comprobado enviando un fotón hacía un prisma y un sistema de espejos donde se desdobla, sus dos "versiones" dirigiéndose en direcciones diferentes. Al interceptarse uno y cambiarlo de signo (me ahorra las complicaciones técnicas), se puede comprobar que el otro realiza automáticamente y al instante el mismo cambio. Están "enlazados" y, de algún modo, "se comunican entre sí", instánteamente.
- Entonces, este enlazamiento prevendría el efecto de desdoblamiento que los otros basan en la indeterminación.
- Correcto. En el caso del gato de Schrödinger, se dice que hay una onda proveniente del gato que se encuentra con una onda proveniente del observador. Al encontrarse, se refuerzan mútuamente. Mientras que, como las ondas viajan en diversas direcciones, las que no se encuentran se pierden y no tienen efecto alguno. El gato estará en el único estado en que pudo estar.
- Me queda bastante claro, aunque es complicado.
- Yo prefiero la tesis del enlazamiento y del universo único, al menos en relación a las tomas de decisiones. Ne me imagino que pueda crear un universo por cada tecla que pulso en mi computadora, ni por cada sílaba que pronuncia, ni por cada acción o incluso inacción. ¡Ésto no tiene sentido! - Estoy de acuerdo. ¿Pero si no se genera así un "multiverso", no podrían existir -por alguna otra razón- otros universos, paralelos?
- Ésta es otra cuestión. Yo creo que, por ahora, ninguna teoría puede descartarlo, ni afirmarlo tampoco. Pero no es lo que han abordado los físicos. No sé nada más al respecto.

21/2/12

Paralelo 6

6

De La Rue le comenta entonces a Trompel algunas cosas que había alcanzado a leer en el libro en idioma local que el detectivo había visto en su escritorio. Convinieron en llamarlo "Libro del Reloj".

Pasó aproximadamente una hora y regresaron los tres interrogadores.
- Nuestros Superiores están de acuerdo para dejarlos regresar a su Mundo y autorizarlos para volver aquí a observar pero con una condición: a su regreso, si no pueden venir acompañados de un Mensajero, deberán traer un mensaje que demuestre la autenticidad de su misión y la autoridad sagrada de sus Superiores. Si se determina que dicho mensaje no es ortodoxo, serán enjuiciados y condenados.
- Transmitiremos sus condiciones a nuestros superiores y nos atendremos a su resolución. ¿Cómo llaman uds actualmente a su pueblo? Nosotros no tenemos información actualizada.
- Éste es el Mundus Primum y somos los primusianos.
- ¡Gracias! Les agradecemos su deferencia y les deseamos paz y sabiduría.
- ¡Paz y sabiduría!

Los hombres se saludaron mútuamente con una ligera inclinación y se alejaron de la mesa en dirección a las puertas por donde habían entrado. Los europeos vieron el jefe de la patrulla se estaba dentro de la sala, delante de la puerta por donde habían venido, y que la patrulla les esperaba nuevamente afuera. Los escoltaron hacia lo que llamaban Sala del Templo, cuya puerta, esta vez, estaba abierta.

Mientras los soldados o policías se quedaban a cierta distancia, Trompel y De La Rue subieron los escalones. Llegados junto al pórtico, Trompel sacó el reloj y le dió vuelta: el muro pareció estremecerse junto con él y perder solidez. Avanzaron y los cruzaron sin dificultad, encontrándose nuevamente en el túnel parisino. Y ambos soltaron un largo suspiro.

En el camino de vuelta hacia su casa, el francés le explicó al detective que en el libro en la lengua que llamó "postlatino" había leído un breve relato de la visita de extranjeros que dijeron venir del "Mundo Justo" y habían enseñado los "Siete Primeros Mandamientos".
- Es lo que me dio la idea de decir que veníamos del Mundo Justo. Sin duda algunas personas, y al menos los más eruditos, deberían conocer ese relato. Y parece que funcionó. Si me hubiesen preguntado, podría haberles citado esos mandamientos. Pero parece que la referencia bastó.
- Me parece que tiene razón. De no haber dado una pista significativa para ellos, es probable que las cosas se hubiesen puesto mucho más difíciles.
- Tendremos que prepararnos bien antes de volver.
- ¿Prepararnos? ¡Mi tarea terminó! Lo encontré, como me pidió su esposa. Y esto pone fin a mi tarea. - Pero ud es el "portador del poder", con el reloj, y así lo asumieron ellos. Como no habla latín, tuve que inventarle un rol, reservándome el de portavoz. Si vuelvo solo o con otra persona portando el reloj, harán muchas preguntas. Además, mientras hablo y converso, ud podría observar con mas libertad y sacar fotos y videos.
- ¿Piensa contratarme como su ayudante? ¿Por cuanto tiempo?
- Creo que me conviene más que llevar a otra persona. Pero no podrá ser enseguida. He de recuperar algunas clases y ya viene el período de exámenes. Tendremos que esperar las vacaciones.
- Tiene suerte de que me gusta la arqueología, aunque en este caso no parece un tipo de arqueología muy ortodoxo. No sabemos a qué época de la historia corresponde ni siquiera si tiene algo que ver con nuestra propia historia. Pero la aventura me gusta, y parece que podemos descartado ya los mayores riesgos. Por lo menos si su libro postlatino nos permite prepararnos mejor. Si podemos llegar a un acuerdo sobre mi tarifa y si no me encuentro envuelto en algún otro caso complicado, lo podría acompañar.

El arqueólogo le preguntó cuanto estaba cobrando a su esposa por la búsqueda que realizó y concluyó que lo podría contratar por una semana durante el verano. Así, ya estaban de acuerdo cuando llegaron al domicilio del arqueólogo.

- Se lo traigo sano y salvo -dijo Trompel a la sra De La Rue, cuando entraron en la casa del francés-. Pero dudo que lo pueda mantener aquí, dado lo que hemos descubierto.

14/2/12

Paralelo 5

5.

Mientras tanto, los dos visitantes de habían acercado a las tiendas y -ya hambrientos- sacaron cada uno una fruta de uno de los puestos. El vendedor miró sorprendido como dos manzanas se elevaban solas y luego desaparecían, y no supo cómo reaccionar.

Trompel reclamó entonces a su compañero.
- Volvamos a casa. Debe tranquilizar a su mujer, que está muy preocupada por ud. Siempre podrá volver más tarde a investigar si lo desea.
- Tiene razón. Estaba tan entusiasmado que me olvidé de ella y no se merece tanto sufrimiento. Vamos de vuelta. Pero aprovechemos de sacar fotos.

Los dos sacaron entonces sus teléfonos móviles y cada uno sacó foto de lo que más le llamaba la atención, mientras se encaminaban de vuelta hacia el palacio y recorrían en sentido inverso los pasillos que conducían a la gran sala con el pórtico entre universos. Se dieron cuenta de que había mucho movimiento, cruzando constantemente guardias blancos que iban en diversas direcciones, pero siempre sin ser vistos por ellos.

Cuando llegaron a la entrada de la sala, se dieron cuenta de que el acceso estaba cerrado por una puerta de doble batiente. Buscaron una manivela para abrirla pero no la encontraron. Como estaba marcada también con el dibujo de un reloj de arena, De La Rue intentó varios movimientos con la mano apoyada en la figura, pero no pasó nada.
- Pruebe dándo vuelta a su reloj, -le dijo a Trompel.
- Pero ésto podría anular el efecto de invisibilidad.
- Espere un par de segundos y luego restablézcalo en su posición anterior. Supongo que, así, solo seremos visibles este par de segundos. No hay nadie cerca, así que no nos verán.

El detective siguió las instrucciones, pero la puerta no se abrió.
- Estamos bloqueados. Deben haberse dado cuenta de nuestra huída y activado algún mecanismo que nos impide entrar en la sala.
- Creo que tiene razón.

En este momento un grupo de media docena de guardias blancos se acercaron, pero no les apuntaban con sus escopetas. Y los dos extraños se dieron cuenta fácilmente de que ya no eran invisibles. Uno de los guardias, que no llevaba escopeta sino un collar con una figura luminosa, se dirigió a ellos con una ligera inclinación:
- Sequer placet [Síganos por favor].

Trompel y De La Rue pudieron ver que el objeto brillante que colgaba del collar era una figura en bajo relieve que representaba... un reloj de arena.
Los rodearon, pero más parecía un cortejo con guardia de honor que una detención.

- Parece que cambiaron de actitud -le dijo Trompel a su compañero.
- Se deben haber dado cuenta de que ahora tenemos un poder especial.
- Pero de algún modo lo han contrarrestado.
- Quizás sea un efecto propio de la sala de entrada. Prueba a darle vuelta al reloj.

Trompel lo hizo, sin sacrlo de su bolsillo, pero era evidente que no se volvieron invisible: el grupo siguió su camino normalmente. Fueron llevados a la sala donde De La Rue ya había sido interrogado. Los tres hombres que los esperaban ahí se levantaron, saludando con una ligera inclinación y les hicieron seña para que se sentaran. Los tres llevaban la misma insigna brillante que el jefe de la patrulla que los había traído: la marca del reloj. Dos sillas estaban preparadas para ellos, frente a la gran mesa de los interrogadores, y tomaron asiento.

- Nuntii Tempore sunt? [¿Son Mensajeros del Tiempo?] -preguntó el que parecía presidir la comisión, esta vez en latín, idioma que -sin duda- algunos expertos de ese mundo dominarían, ya que parecía la raíz de su idioma actual.
- Nos tempore peregrini. Mission servet comesque. [Somos Viajeros del Tiempo. Nuestra misión es observar y contar.] -respondió De La Rue.
- Veni seculum altius aut inferos? [¿Vienen del Mundo Superior o Inferior?]
- Secula ultra tres. Advenimus Iusto Seculum. [Los mundos son más de tres. Venimos del Mundo Justo.] -Y agregó para Trompel: Ésto puede ser peligroso. Si nos creen mensajeros, podríamos fácilmente equivocarnos, ofenderlos y -si es un asunto religioso- ser tratados como sacrílegos. Más vale ser ambigüos.

- ¿Porqué no se manifestó en su primer interrogatorio? ¿Porqué no se fue entonces? -preguntaron enseguida.
- No hicieron las preguntas correctas ni entendieron mi respuesta. Y debía esperar a mi compañero. - ¿Él trajo el Poder?
- Es el portador. Yo soy los ojos y la boca.
- ¿Qué deben hacer?
- Les pedimos el permiso para observar y rendir cuenta. Si nos lo dan, debemos volver a confirmarlo con nuestros Superiores (Esto es para ir a tranquilizar a mi mujer -le dijo a Trompel en francés, mientras seguía hablando en latín con el interrogador-) y luego vendremos a cumplir la misión. Si no nos lo dan, nos iremos y no volveremos.
- Ésto es extraño para nosotros. Nuestros antiguos textos hablan de Mensajeros, pero no de observadores.
- Nuestros superiores decidirán si envían o no mensajeros. Ésto está fuera de nuestra competencia. Pero antes, necesitan nuestras observaciones.
- Nosotros también tenemos Superiores y ellos serán quienes tomen las decisiones. Mientras tanto, les rogamos esperar aquí. Les traerán de comer y de beber.

Los tres dignitarios salieron entonces de la sala. Unos minutos después, dos mujeres entraron, portanto sendas bandejas, con fruta, galletas y jugos de fruta, que -una vez solos- comieron y bebieron con apetito. No dudaron de que algunos gardias ne mantenían tras las puertas.

7/2/12

Paralelo 4

4.

Trompel le pasó el reloj de arena. De La Rue le dió vuelta y ambos sintieron nuevamente la sensación de rápida bajada. Pero mientras seguían en su lugar, la puerta de la celda se abrió. Salieron y subieron la escalera de caracol. Una vez arriba, y aunque Trompel hubiese preferido salir de este lugar y volver a "su mundo", en vez de dirigirse hacia la llamada "sala del templo" por donde habían llegado, el aqueólogo tomó en la dirección opuesta. Le pidió a Trompel su cuaderno, devolviéndole el reloj, y fue graficando en él el recorrido que hacían. Se cruzaron con un par de guardias que no dieron señales de verlos.

- Parece que el reloj nos mantiene en una especie de burbuja espacio-temporal que nos vuelve invisibles -dijo el arqueólogo-. Pero pronto se acabará el flujo. Será mejor que le dé vuelta otra vez, sino nos verán y volverán a encerrar.

Así lo hizo Trompel y, de este modo pudieron seguir su recorrido sin ser molestados.
- Aquí, hacia la izquierda queda la oficina de los guardias y la sala donde me interrogaron -dijo el arqueólogo en el segundo cruce-. Vayamos hacia el otro lado, donde divisamos la luz del día.

Salieron del edificio hacia una gran plaza, rodeada de construcciones, algunas de cuatro y cinco pisos, de piedra, y otras de dos pisos de madera. En el centro de la plaza había un gran reloj de sol y hacia un lado una serie de tenderetes donde se ofrecían frutas y verduras, todas perfectamente reconocibles. Gran cantidad de personas circulaban por la plaza, todos llevando túnicas, pero de diversos colores, y especies de turbantes en la cabeza. Trompel se dió vuelta para ver el edificio del que habían salida. Era una ancha construcción de piedra que sostenía una torre rectangular, de al menos unos siete pisos de alto, ahuecada y con un gran reloj de arena, la que se veía claramente caer aunque sin distinguir un cambio en sus niveles superior e inferior. Sin duda debía demorarse muchísimo en acabar de caer.

El detective quedó tan sorprendido que se olvidó de dar vuelta a su propio reloj y los dos quedaron de inmediato a la vista de los demás. Los más cercanos se sorprendieron también y los rodearon rápidamente, mientras los comentarios se extendían por la plaza y comenzaban a atraer la atención de todos. Trompel dió vuelta el reloj, y desparecieron de la vista, creando aún más sopresa. Pudo ver que se acercaban rápidamente dos personajes que sin duda también eran guardias, por lo que parecían indicar los cascos que llevaban -similares a los del interior- pero que no llevaban túnicas blancas sino grises.

- ¿Quid accid hic? -preguntó uno de los guardias a los que se habían agrupado [¿Qué pasa aquí?].
- Aparented duo proselyt maneanted tum sine ambulare [Aparecieron dos extraños y luego desaparecieron, sin siquiera caminar].
- Vigilo. Si mora revided, alibi. [Vigilaré. Avisad de inmediato si vuelven a aparecer en otra parte.] -y agregó para su compañero: Go certiorib Custodia Superius [Ve a avisar a la Guardia Principal].

El segundo vigilante partió entonces corriendo hacia el palacio y se dirigió a la oficina de la guardia.
- Teniente: gente de la plaza denunció la aparación y desaparición brusca de dos extraños. ¿Qué debemos hacer?
- Vigilen y, si aparecen de nuevo, traten de detenerlos y de traerlos aquí. Yo avisaré a los Maestros y ellos decidirán lo que hay que hacer.
- ¡Adsisto! [A su orden]

El teniente envió otro subalterno a verificar si los extraños habían salido de su celda. Éste volvió al cabo de diez minutos señalando que habían desaparecido pero que nadie los había visto salir. El jefe se dirigió entonces hacia otra oficina.
- Maestro Tulus, los dos extraños salieron de su celda sin ser vistos. Reportan haberlos visto por pocos segundos en la Plaza Mayor, pero desparecieron de nuevo, del medio de un círculo de gente que los miraba.
- Éste es un hecho extraordinario, teniente Britix. Las escrituras hablan de extraños que son capaces de aparecer y desparecer, pero no había ocurrido desde hace siglos. Tendré que avisar a los Superiores. Ud, bloquee los accesos a la Sala del Tiempo en su nivel máximo. Como entraron por ahí, podrían tratar de salir también por el Pórtico Sagrado. Y ordene a sus hombres buscarlos por todo el Palacio y los alrededores. Traten de detenerlos y traíganlos de vuelta, pero que los traten con respeto. No son gente común.

1/2/12

Paralelo 3


Lo empejaron fuera de la sala. El corredor tenía, cada tanto, una placa luminosa parecida a las columnas. Recorrieron un trecho cruzando otro par de pasillos y luego bajaron por una escalera de caracol, totalmente de piedra. Conducía a una pequeña sala con varias puertas de un material que no pudo identificar. Uno de los guardias dió vuelta a una pequeña manivela, en la pared al lado de una de las puertas. Ésta subió lentamente y lo empujaron adentro. Oyó que caía de golpe detrás de él. El interior estaba a oscuras. Pero sintió una voz.
- ¿Qui veneru? ¿Quién es ud?
- Soy Joseph Trompel, detective privado, buscando al arqueólogo Jean De La Rue.

Sus ojos se estaban acostumbrando a la oscuridad y se dió cuenta de que no era tan profunda como pensaba, sino que se podía distinguir la forma de la pieza, de los objetos y de la persona que le hablaba, aunque no los detalles.
- No lo puedo creer -le respondió el hombre-. Yo soy De La Rue. ¿Cómo llegó aquí? ¿Encontró mis cuadernos y el reloj de arena?
- Así es. Su esposa me contrató para buscarlo, cuando ya perdió la esperanza de que la policía lo encuentre.
- La policía jamás llegaría aquí. Hay que tener imaginación para descubrir la función del reloj y atreverse a cruzar el portal.
- Por cierto, ¿dónde estamos?
- Ésto no es fácil de precisar. Lo seguro es que es un universo paralelo. Pero si estamos aún en el planeta Tierra, o en otro planta, en el siglo XXI o en otro período de la historia, no lo sé. Aunque quizás se haya dado cuenta que -en algún momento y lugar del espacio-tiempo- esta gente tuvo contacto estrecho con la antigua cultura del imperio romano.
- Me pareció en efecto, al oírlo, que su lenguaje tenía cierta similitud con el latino. Y la escritura del libro que ví en su escritorio también, aunque no lo pude descifrar.
- Yo sí lo descifré, mezclando latín, italiano, francés y catalán. Y es lo que me trajo aquí hace ya una semana. Sin poder hacer nada, porque la batería de mi laptop se agotó y, aquí, no conocen nuestra forma de electricidad. Aparentemente tienen otras formas naturales de energía, que usan muy eficientemente, y han desarrollado muchos sistemas mecánicos.
- ¿Tuvo de oportunidad de visitar otras zonas? Yo solo vi los pasillos desde la sala de llegada hasta aquí.
- Me han llevado una vez ante lo que parecía un comité investigador. Eran tres personas que parecían dignatarios, por la forma en que se comportaban los guardias ante ellos. Así, crucé varias salas, pasando por el mismo tipo de puertas de control mecánico. Una de ellas parecía ser la oficina de los guardias, con varios escritorios y pizarras con diversos tipos de datos, al parecer bastante complejos y bien organizados. Me preguntaron obviamente de dónde venía pero no pudieron entenderlo, y no me refiero a la lengua sino al significado. Parecían entender bastante bien mi latín pero de ningún modo el concepto de universo paralelo o el de otra civilización en un mundo diferente. También me preguntaron, obviamente, cómo había podido entrar en lo que llaman la gran sala del templo. Ésto, preferí callármelo. Les dije que un momento antes estaba en otro lugar y luego, de pronto, estaba en este lugar que me estaba totalmente desconocido. Y que yo sabía latín pero que, en mi mundo, ya no se hablaba este idioma. Aunque que no sabía lo que significa "mi mundo", entendieron lo del cambio de idioma, ya que algunos de ellos sabían latín, el que era el lenguaje de sus antepasados y la raíz de su idioma actual. Me preguntaron cual era mi idioma actual y les hablé en francés, pero no entendieron nada. Dijeron que iban a consultar a sus expertos acerca de las lenguas de otras regiones y si conocían otras derivaciones del latín. Luego me trajeron de vuelta aquí y solo he tenido contacto con los guardias que me traen comida tres veces al día. He pedido libros y me han traído un par de libros de historia y lo que parece una novela o un relato mitológico, que estoy descifrando de a poco. A propósito, ¿cómo entró ud aquí? ¿Girando el reloj de pared del túnel parisino?
- No. No lo toqué. Traía el reloj de arena que encontré en su escritorio. Le dí vuelta mientras miraba el portal de piedra y éste se puso translúcido. Quise tocarlo pero avancé y terminé cruzándolo sin darme cuenta.
- Así que el reloj de arena también activa el portal. Quizás tenga otras funciones. ¿Lo tiene aún o se lo quitaron?
- No me quitaron nada. Parece que no saben lo que es un bolsillo, porque no me revisaron. Tampoco revisaron mi bolso con el laptop y el cuaderno con su mapa.
- Déme el reloj. Vamos a ver si sirve para otra cosa.