16/4/12

Paralelo 13

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Así, el día lunes, Urim pasó a primera hora a buscar a Trompel y De La Rue. En vez de dirigirse nuevamente al garaje del palacio, se fueron a otro edificio que era en realidad una estación de ferrocarril. Para entrar al andén que les correspondía, había que pasar por un torniquete, el cual se abría solamente introduciendo en una ranura una tarjeta especial. Urim les entregó una a cada uno. Como comprobó Trompel, que algo sabía de historia de la computación, se parecían extrañamente a las antiguas tarjetas perforadas IBM con las cuales se programaban los primeros computadores comerciales.

En el anden, abordaron un vehículo que parecía mitad locomotora y mitad diligencia larga, que corría sobre rieles: ¡los primusianos tenían ferrocarril! La vía se dirigía hacia el sur pero, esta vez, el viaje fue muy largo. Tuvieron que pasar la noche en Lugduno (Lyon), que estaba a mitad de camino del puerto de Massalia (Marsella), el más importante del Mar Internum, según les explicó Urim. También les contó que Lugduno era la principal ciudad industrial, que fue el centro estratégico y creativo del gran "Salto Modernizador". Ahí se fabricaban las diligencias y los trenes y se había instalado por primera vez el sistema ahora común de iluminación y calefacción a gas, si bien solo estaban disponible en el centro de las principales ciudades. Como pudieron observar al cruzar la ciudad la mañana siguiente, las fábricas eran numerosas y la actividad intensa.

Después de otras ocho horas de recorrido, agrementadas por un breve almuerzo con sandwiches servidos a bordo, llegaron a Massalia. Urim los condujo de inmediato a la casa del anciano ingeniero, a quién presentó a los visitantes y explicó brevemente el motivo de la visita.

- Cuando remodelamos las celdas, mantuvimos la obra gruesa existente. Solo cambiamos las paredes delanteras, con las rejas y puertas, para instalar los nuevos sistemas.
- ¿No encontraron nada diferentes en ninguna de las celdas? ¿Una losa o una sección de muro diferentes, con alguna señal grabada?
- Ahora que lo dice, recuerdo que uno de los operarios señaló una losa en una de las celdas: le había llamado la atención un pequeño grabado.
- ¿De qué se trataba?
- Eran dos círculos pegados uno con otro, formando un 8. Dijo que se parecía bastante a la figura del reloj de arena, pero no le prestamos más atención, porque no parecía un tallado muy profesional. Pensamos que lo podía haber hecho algún preso, hace mucho tiempo.
- Ésta podría ser la señal que buscamos. Los relojes de arena de vidrio soplado se parecen a dos burbujas, antes de ser insertados en su soporte. Valdría la pena investigar esa losa. ¿Recuerda en que celda está?
- No podría indicarla con precisión. Me parece que está hacia la derecha cuando se llega desde la escalera.
- ¿Encontró alguna otra cosa extraña o de este tipo cuando trabajó en el Palacio? Se hicieron muchas reformas, en varias partes.
- No encontramos nada inesperado ni marcas desconocidas. Sin duda esa forma 8 fue lo único que, por lo que sé, llamó la atención de alguién. Todo estaba conforme a los planos y dibujos de que disponíamos y nada alteró el programa de trabajo.

Urim agradeció al anciano y se fueron a una posada para pasar la noche. El día siguiente emprendían el viaje de regreso, que fue algo más aburrido ya que no había novedad en el paisaje y no encontraron muchos temas de conversación con su anfitrión. El arqueólogo quería saber más de la historia local, pero Urim no era historiador y dejó muchas preguntas sin respuesta. Trompel, a través de su compañero, hizo algunas preguntas sobre los avances técnicos y esta fue la conversación que más ayudó a pasar en tiempo. Pero fue imposible contar los adelantos del mundo de los visitantes, por falta de un vocabulario adecuado.

De vuelta en Lutecia (París), convinieron en encontrarse de nuevo el día siguiente para investigar el subterráneo del palacio.

Cuando llegaron a la celda indicada por el ingeniero, encontraron efectivamente la losa señalada con el 8. Urim llamó un par de guardias y, gran esfuerzo, la levantaron. Debajo se abría otra escalera de piedra, por donde bajaron. Llegaron a un nuevo túnel que, después de unos diez metros, se abría en una pequeña cripta. En medio de ésta había un pequeño monumento, que bien podía ser un pequeño sarcófago. En uno de sus cantos estaba tallada la figura de un esqueleto con un báculo en una mano y, bajo la otra, que colgaba hacia el suelo, había un pequeño reloj de arena.

- La tumba del Primer Maestro -exclamó Urim, que se había fijado más en la inscripción: "Ista maximus Propheta" (Aquí descansa el mayor profeta).
- ¿Debemos abrirla para integrar el reloj? -preguntó De la Rue- ¿O debemos ponerlo en lugar de éste? -agregó, indicando el de la estátua.
- No lo sé. Veamos qué pasa al acercar el suyo.

Trompel sacó el suyo de su bolsillo y lo acercó lentamente. No pasaba nada. Entonces le dió vuelta, para que corriera la arena.

Se encontró entonces en su oficina de Bruselas y sintió el timbre de la puerta. Entró una señora.

- Señor Trompel, según me han dicho ha ayudado ya a varios arqueólogos en apuros y por esta razón me lo han recomendado como investigador privado. Lo he venido a ver porque mi marido, que es arqueólogo de la Sorbona, en Paris, ha desaparecido hace una semana y la policía local no ha encontrado pista alguna.

¿Se había quedado dormido y había tenido un sueño premonitorio o había vuelta atrás en el tiempo
¿Debería volver a los túneles de París?

FIN

Proximamente: "La Agencia del Tiempo"